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La Dieta de las 100 millas

Una regla de sentido común en comercio es:

si existe demanda y podrás vender tus productos. 

La búsqueda de unos alimentos más saludables, frescos y naturales; el intento de mantener la seguridad alimentaria fomentando la producción local; la búsqueda de contactos dentro de la comunidad y la autosuficiencia desde el punto de vista de la producción de alimentos; el cuidado del medioambiente. Estos son algunos de los motivos que pueden llevar a una persona a tomar la determinación de adoptar unos hábitos alimenticios locales.

¿Qué significa esto exactamente?

Una dieta local implica no adquirir alimentos que hayan viajado por todo el planeta antes de llegar a la mesa. Implica restringir la variedad de productos que se adquieren dependiendo de la estación del año y la disponibilidad de los mismos. Para llevar a cabo una dieta local no basta con coger el coche hasta el supermercado  y escoger los productos de las estanterías, sino que hay que ponerse en contacto directo con los productores de la zona y, dado el caso, buscar alternativas para compensar las posibles carencias de éstos.

En 2005, los canadienses Alisa Smith y J.B. MacKinnon comenzaron un experimento mediante el que se alimentarían durante todo un año exclusivamente con productos locales. De esta forma nació la dieta de las 100 millas (160 Km), una forma de alimentarse que creó tendencia y ha inspirado a miles de canadienses y estadounidenses a cambiar sus hábitos alimenticios. Los alimentos cultivados y producidos de forma local han sido denominados “los nuevos alimentos ecológicos” porque tienen más sabor, son mejores para el medioambiente, refuerzan la economía local de la comunidad y son más saludables. 
Cien millas (160 kilómetros) es un radio lo suficientemente grande como para alcanzar los confines de una ciudad y, sin embargo, también es lo suficientemente pequeño como para que los alimentos que se encuentran en él sigan siendo verdaderamente locales. Llevando una dieta local se puede aprender mucho sobre el sistema alimentario de hoy en día, sobre la procedencia de nuestros alimentos y qué riesgos suponen estos tanto para nuestra salud como para el planeta. Llevar una dieta local ayuda a entender las diferentes estaciones y los diferentes cultivos dependiendo de la región y el clima.
Las ventajas de tomar tal determinación es el contacto directo entre el consumidor concienciado y el productor de alimentos es la capacidad que tiene aquél de influenciar en el trato animal, el proceso de producción, etc.”. El consumidor recupera su poder cuando elimina una forma de consumo que está ocultando la forma de producir, envasar, tratar los alimentos, porque estos procesos se llevan a cabo en cualquier rincón del planeta.
Esta forma de consumo que revitaliza las granjas familiares y reconecta al consumidor con las estaciones está transformando el buen comer en toda una tendencia.

El Mercado de las 100 Millas de Meaford que, como su nombre indica, solamente vende productos cultivados y elaborados en 100 millas a la redonda, ha experimentado en los últimos años un importante éxito.

Ya existen algunas cadenas de supermercados y movimientos en hostelería como el slow food. En éste enlace donde puedes consultar los restaurantes adheridos a ellos.

Pero no solamente el consumidor debería de concienciarse en ello, sino que las administraciones deberían apoyar la creación de certificaciones que facilitan la tarea del usuario a la hora de escoger un producto menos contaminante y le garantizan la autenticidad y la transparencia de la información que encuentra en dichos productos.

Por este motivo es una buena noticia que en Canadá haya nacido el programa de certificación sin ánimo de lucro “Local Food Plus” (LFP). Este programa está ayudando a los consumidores a diferenciar los alimentos producidos de forma local y sostenible de aquellos producidos de forma industrial e importados desde el otro rincón del planeta. LFP nace con el objetivo de reconstruir la cadena de proveedores de alimentos locales y sostenibles, de manera que estos lleguen de forma más directa al usuario final, lo que se lleva a cabo presentando a los agricultores y ganaderos que producen alimentos locales y sostenibles a los elaboradores, supermercados y empresas de hostelería.

Fuente: Ladyverd.com

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